un duelo de insultos
Llegas a Isla Mofa con un sombrero prestado y la certeza de que vas a ser pirata. Hay un problema: aquí los duelos no se ganan con la espada. Se ganan con la respuesta. Y tú, de momento, no tienes ninguna.
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Cada pirata de la isla sabe insultos que tú no. La primera vez te callan la boca; te vas con el insulto apuntado en el diario. La segunda ya sabes qué contestar. Perder es el sistema de progreso, y es lo más honesto que tiene el juego.

Hay un mapa de noche por el que los piratas se mueven de verdad, seis sitios que visitar —la taberna, el cementerio, el muelle, la cabaña de la vidente, la playa y un claro al que hay que ganarse el derecho a subir—, recados que resolver, una maestra de esgrima que no da clases y un mono de tres cabezas al que conviene no mirar mucho rato.


Cinemática completa la primera vez: la barca cruzando de noche, el sombrero de dos tallas de más, el folleto que prometía otra cosa y un barco negro que te corta el paso. El capitán no te reta a espadas. Te reta a conversación, que es peor.

El juego es gratis y va a seguir siéndolo. No tiene anuncios, no vende nada, no te pide el correo, no comercia con tus datos y, hasta donde sabemos, tampoco te observa mientras duermes.
Lo que sí tiene es un servidor, un dominio y alguna que otra factura que aparece religiosamente cada mes, aunque nadie la haya invitado. También hay detrás bastantes horas de trabajo, tiempo libre sacrificado, píxeles colocados con dudoso criterio y, sobre todo, mucho cariño.
Si el juego te ha hecho gracia, si te ha recordado a una de aquellas tardes de los noventa delante de un ordenador color beis, o si simplemente te apetece echar una moneda al bote, puedes hacerlo.
Bueno, una cosa sí hace. En el cementerio de Isla Mofa hay una lápida que lleva vacía desde el primer día, con un cartel que dice RESERVADO. Es para ti. Escribes tu nombre y tu epitafio, te enseñamos cómo va a quedar en la piedra antes de grabarlo —que aquí somos gente seria— y ahí se queda mientras la isla siga en pie.
Ambrosio el Previsor lleva cavando desde que llegaste y tiene ahí una lápida a medio tallar porque nunca supo qué poner en ella. Ya lo sabe. No resucita, no da vidas extra y no te saca del cementerio —de ahí no ha salido nadie todavía—, pero él por fin puede terminarla. Y como dice siempre: no es nada personal, es previsión.
Simplemente ayuda a mantener Isla Mofa a flote y a que pueda seguir dedicándole tiempo.
Y quién sabe… quizá gracias a eso la próxima versión traiga nuevas zonas, más personajes, más secretos, más insultos, más situaciones absurdas o alguna sorpresa que ahora mismo sería irresponsable revelar.
Principalmente porque todavía no la he programado.
Se abre en Ko-fi. Un pago suelto, sin suscripción y sin crear cuenta.